Pese a este reclamo, la municipalidad ha mostrado labores en Sacupana, Guayo y Araguaimujo centrado en acciones sociales como le entrega de alimentos y limpieza de malezas.
Habitantes del pueblo warao en el Bajo Delta han manifestado su profundo descontento ante lo que califican como una gestión «centralista» por parte de la municipalidad. El reclamo de los waraos del Bajo Delta no es solo por obras estéticas, sino por el respeto a su derecho a una vida digna.
Exigen que la municipalidad de Antonio Díaz, liderada por Javier Arenas (El Gato), presente un plan de atención integral que incluya el envío de cuadrillas y recursos a los sectores más remotos, rompiendo con el ciclo de «maquillaje institucional» limitado a la capital.

La denuncia principal radica en que la inversión y los trabajos de mantenimiento se concentran exclusivamente en Curiapo, la capital del municipio, mientras el resto de las comunidades rurales permanecen en un estado de deterioro que se ha prolongado por más de 20 años.


El contraste del olvido
Mientras las redes oficiales y los informes de la municipalidad muestran una actividad constante de limpieza y reparaciones en Curiapo, la realidad en las parroquias periféricas es drásticamente distinta. Indígenas waraos de la zona baja han alzado su voz para recordar a las autoridades que la jurisdicción es una de las más extensas y geográficamente complejas del país
“Curiapo no es Antonio Díaz”, sentenció un portavoz de la comunidad, enfatizando que el municipio está compuesto por cientos de asentamientos que no reciben el mismo trato ni atención presupuestaria.
Evidencias en la Parroquia Manuel Renaud
Para sustentar sus reclamos, los denunciantes presentaron un registro fotográfico de las comunidades de Nabasanuka y Jubasujuru, ambas pertenecientes a la parroquia Manuel Renaud. Las imágenes muestran un panorama desolador que contradice el discurso de progreso regional:
Las fotos en Nabasanuka y Jubasujuru, muestran una infraestructura en ruinas, falta de plantas eléctricas operativas y sistemas de tratamiento de agua potable.
Dos décadas de estancamiento
Los habitantes aseguran que las condiciones de vida no han mejorado desde inicios del siglo, a pesar de los constantes cambios de administración.



