El reloj marca apenas las 8:00 de la mañana en el centro de Tucupita, pero el calor ya empieza a sentirse sobre el pavimento. Allí, entre el ruido de las motos y el ir y venir de la gente, se encuentra Alfredo Flores, un joven de 27 años de edad que se dedica al mototaxi.
Con el casco bajo el brazo y la mirada puesta en cada transeúnte, Alfredo comienza su jornada con una meta clara: llevar el sustento a su hogar. Sin embargo, se enfrenta a un enemigo invisible pero implacable: lo que muchos en la zona ya llaman “el mes de la pelazón”.
Para Alfredo, la crisis no es una cifra en las noticias; es el silencio de su teléfono y la soledad de su asiento trasero. Flores, quien es padre de un niño de 2 años de edad, cuenta que este mes le está yendo duro. La responsabilidad de ser el proveedor de un pequeño lo empuja a tomar decisiones difíciles para sobrevivir a la competencia y a la falta de dinero en la calle.

Lamenta que, a pesar de las horas de espera, apenas logra hacer dos carreras diarias. La situación es tan crítica que se ha visto obligado a negociar su propio esfuerzo: ha tenido que rebajar los viajes para que el usuario aborde el vehículo. En Tucupita, el regateo es ahora la única forma de no quedarse en cero, sacrificando su ganancia para asegurar el pan.
Él no cuenta con un sueldo del gobierno y la motocicleta no es propia; pertenece a su hermano, quien se encuentra en Trinidad y Tobago, pero por necesidad se la puso a disposición para que trabaje como mototaxi.
El joven expresa que, aun cuando pasa todo el día en el centro de la ciudad, solo realiza dos viajes. La diferencia con meses anteriores: durante diciembre, lograba hacer hasta siete carreras en medio día, generando unos 5.000 bolívares. Ahora, el panorama es otro; apenas llega a los 800 bolívares trabajando la jornada completa.
Su jornada termina donde empezó su motivación: en la puerta de su casa. Pero el cierre del día es agridulce. Tras horas de exposición al sol y el desgaste de la motocicleta, Alfredo regresa para abrazar a su hijo, llegando a casa con apenas 800 bolívares.



