Waraos recuerdan al Padre K’okal en su trabajo social por los caños

Algunos waraos de tres comunidades indígenas del municipio Antonio Díaz en el estado Delta Amacuro, recuerdan los caminos de fe, enseñanza y alegría que aseguran marcaron la vida del Padre Josiah K’okal en los caños de la selva deltana.

El sacerdote K’okal fue hallado sin vida el pasado martes luego de haber sido reportado como desaparecido el primero de enero. Hasta ahora las investigaciones siguen en curso.

Mónico Campero, de la comunidad Araguaimujo: “lo que pude palpar de él muy de cerca cuando llegó a mi comunidad, fue su sencillez, humildad, ese mensaje de paz, de amor, de entrega para hacer el trabajo social, el apoyo a las personas que lo necesitaban. Se ganó la confianza del pueblo y dejó un legado que sembró desde el cariño, el amor, el compartir y la solidaridad que debemos tener todos los pueblos indígenas”.

Alexis Medina, de Araguaimujo: “hablar del Padre K’okal es hablar de un hombre extraordinario, una persona íntegra, jovial, y muy amable. Yo que tuve la oportunidad de conocerlo personalmente, fue mi orientador en mi etapa de catequista en mi comunidad y siempre tenía una orientación, una palabra de estímulo, de fe, de aliento. Le gustaba que la gente fuera dinámica y estimulara a la otra gente al conocimiento de Jesús, a la lectura de la Biblia, a la vida de Jesús. Él se convertía prácticamente en un maestro, en un orientador, en un pedagogo y siempre con esa amabilidad y esa sonrisa con las que nos trató”.

Bladimir Díaz, de San Francisco de Guayo: “por lo poco que vi del Padre en Nabasanuka, era joven y le gustaba animar a los jóvenes, eran un buen Padre, y un buen deportista junto a otro Padre de Brasil. Eso lo recuerdo cuando íbamos a Nabasanuka a jugar”.

Eira Torres, de Nabasanuka: “desde el primer momento me di cuenta de su inteligencia y el interés de conocer la cultura. Siempre como misionero caminó junto a su grupo de trabajo, y sus conocimientos de inglés hizo que ayudara al liceo de Nabasanuka en la primera promoción egresada, lo hizo en el área de inglés y lo hizo de forma desinteresada y de manera voluntaria. Fue como una mata de plátano, el sembró, y alrededor de él crecieron otros cogollitos, y hoy por hoy, el liceo de Nabasanuka cuenta con profesores de inglés, que son discípulos de nuestro querido Padre K’okal”.

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