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Voces de inseguridad: “nos obligaron a lanzarnos al agua en el medio del río”

Los caños del Delta del Orinoco han dejado de ser los ríos navegables. Ya ha resultado mortal en el último semestre, según las historias reveladas por las víctimas.

Era el mediodía de diciembre del año 2018. La marejada retrasó el viaje de una familia de waraos, que ya había partido de madrugada, y entre la neblina, de Jobure de Curiapo, un caserío indígena en la selva de Delta Amacuro. A la cabeza del viaje estaba un señor de 60 años de edad, su embarcación apenas podía surcar por la carga que llevaba la curiara, propulsada por un motor de 40 HP.

Estaban ya a una media hora de arribar al puerto de Volcán, en Tucupita, cuando fueron abordados por un grupo de civiles armados. Ellos iban en una lancha más rápida. Los amenazaron y obligaron a que toda la tripulación se lanzara al agua, en pleno medio del río, por un sector de nombre Boca de Macareo.

“Mi familia y yo veníamos de Jobure. Cuando nos faltaba poco para llegar al puerto de Volcán, llegaron unos hombres con armas. Nos amenazaron e hicieron que nos tiráramos al río para llevarse la embarcación con todo lo que traíamos. Nos dejaron sin nada”, contó la víctima.

Apenas estuvieron en el agua, todos los vulnerados procuraron quedarse sin ropa para evitar ahogarse. Necesitaban estar lo más ligeros posible para llegar a la orilla, porque estaban en el medio del río.

Perdieron pantalones y camisas, otros también zafaron sus calzados.

Ellos se mantuvieron flotando por varios minutos, mientras sus atacantes se alejaban,  aunque no dejaban de apuntarlos.

Por fortuna no había niños en la embarcación, por lo que la angustia no recrudeció. Mientras los culpables se alejaban, ellos nadaban hasta la orilla.

Llegaron a tierra firme con pocos atuendos y se dispusieron a esperar por otra curiara. Esperaban correr con la suerte de ser auxiliados pronto.

Ellos aseguran que Dios estuvo de su parte y lograron ver luz, una luz de salvación. Ya eran las 3 pm.

Una lancha que pasaba fue desesperadamente llamada, y como una acción divina, esta decidió llegar. No hubo tiempo para mayores explicaciones, la curiara salvadora solo entendió lo que había ocurrido.

El viaje hasta Tucupita resultó ser corto. Ya eran las cinco pm de ese día. Las víctimas solo agradecían el poder seguir con vida.

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