Ilustración de Tanetanae.com.

Voces de inseguridad: “los golpeaban y les preguntaban que dónde estaba el dinero”

La comunidad Los Cañitos de Guasina, Tucupita, ha sido testigo de una escalada de la inseguridad. Es una zona oscura y alejada del centro de la pequeña ciudad. Según los vecinos, han tenido que lidiar con la presencia de “extrañas” movilizaciones de autos durante las noches. Todos suelen estar alerta, esperando cualquier hecho que les podría truncar la vida.

Dos hombres cuidaban una finca en Los Cañitos de Guasina en diciembre del año 2018. En este sector abundan los terrenos destinados a la agropecuaria, por lo que, de una propiedad a la otra, existe un considerable techo, nadie puede ser testigo fácilmente de lo que le pueda ocurrir a tu vecino, explican allegados a las víctimas que lograron superar la muerte.

El papá y su hijo se disponían a dormir sobre las ocho de la noche aquel diciembre aterrador del 2018, seguidamente, un grupo de hombres encapuchados lograrían entrar a la casa a través de la cocina, pero las víctimas no se habían percatado.

“Los malandros agarraron al chamo (hijo) en la cocina, le taparon los ojos, y lo llevaron al cuarto del papá bajo amenaza”, relata un familiar de los afectados.

Esta familia se dedica a la venta de cacao y verduras en su finca de Los Cañitos de Guasina. Su rutina diaria habría llevado al ataque nocturno.

Los que cometían el delito, los maniataron y amordazaron, pero además los golpeaban, golpes que fueron recrudeciendo mientras no lograban su objetivo.

“Se llevaron las cajas Clap que recientemente les habían entregado, bombona, máquina de soldar, e incluso, pudieron sacrificar una vaca de la finca”, cuenta la persona consultada para conocer detalles de este hecho.

“Los golpeaban y les preguntaban que dónde estaba el dinero, pero realmente no tenían nada allí, ese día no habían podido vender nada”.

Qué más habrían querido  los atacados, que tener el dinero, entregarles todo y que se marcharan pronto, sin asesinarlos. Pero nada terminaría rápido.

A las 3 de la mañana, ensangrentados, sudados, agotados, lograron zafarse. Ya hacía media hora desde que los culpables se habían retirado de la casa.

Salieron a notificar lo ocurrido. No denunciaron ante las instancias legales. Temen que vuelva a ocurrir, las noches dejaron de ser las mismas para ellos.

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