Viernes Santo: un día para la meditación

Todos los viernes santos la feligresía muestra un rostro distinto al resto del año. Es un día para la meditación y el silencio.

Hoy murió Jesús crucificado siendo Santo. Era la voluntad del Padre y así sucedió.

Fue condenado como el peor de todos y se le sigue haciendo actualmente, aunque de otras formas y no nos damos cuenta.

Por eso, los creyentes asistieron al encuentro con Él, para adorarlo, para refugiarse en Él, para sentirse amado.

Allí, débiles y enfermos, pero, ¿quién que esté sano busca a un doctor?, así pasa. Como pecadores buscamos ser sanados por el Todopoderoso, el Salvador, el que todo lo puede.

La feligresía pudo acompañarlo en un breve recorrido mientras se reflexionaba. También se le acompañó a su madre, a la Virgen María vestida de luto, a quien le tocó ver morir a su hijo al pie de la cruz.

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