Por: Hamilton Sánchez
En la historia del deporte venezolano, existen nombres forjados con un esfuerzo inalcanzable que representan la verdadera esencia de la nación. Lamentablemente, individualidades apegadas al ejercicio del poder ignoran estos triunfos, anteponiendo sesgos ideológicos a la integridad y al principio fundamental del «juego limpio», al no validar a una auténtica Gloria Deportiva.
Un ejemplo emblemático de esta cruda realidad es el atleta olímpico Elías Antonio Marcano Tochón. Nacido en Tucupita el 1 de marzo de 1971, Marcano es un referente histórico de la lucha olímpica, una de las disciplinas más antiguas del mundo. Resulta inexplicable que, desde hace nueve años, haya sido excluido del registro oficial de las Glorias Deportivas del país de acuerdo a su versión.

Una historia para valorar
La gesta de Marcano nació en los Centroamericanos de México (1990), preludio de un ascenso que se consolidó en los Bolivarianos de Santa Cruz (1993). El ciclo alcanzó su clímax en 1994, cuando Elías defendió el pabellón nacional con oro en casa durante los Suramericanos de Valencia. Entre 1995 y 1996, su nombre ya vibraba con fuerza en los Sudamericanos y Panamericanos celebrados Bolivia y Cali.
Alcanzó el sueño Olímpico en Atlanta 1996. Allí, el criollo grabó su nombre en la historia al desafiar a la élite universal. Sin tregua, extendió su dominio en 1997, defendiendo el tricolor nacional durante el exigente Campeonato Mundial de Varsovia, en suelo polaco. No conforme con la gloria estival, selló su gesta absoluta aquel año, llevando su talento hasta los tapices mundialistas más exigentes de Europa.
Bajo el sol del barrio Libertad en Tucupita, Elías ya no busca la meta; hoy vigila el silencio de su propia entrega. Es una Gloria Deportiva de Venezuela de historia, un titán cuyo nombre habita en los templos del olimpismo nacional. Si bien la prensa -fugaz y a veces ciega- olvida su rastro, su grandeza no requiere sellos para ser real. Elías es la prueba de que el sudor tiene estirpe y el honor, un nicho eterno en el alma del pueblo que lo vio luchar.




