Retrato de mi madre, la mejor maestra

Por José Cedeño/Sic

Con ocasión de que el 15 de enero en Venezuela celebramos el día del maestro, también de la maestra, esa persona que permanece en nosotros, en nuestros pensamientos aun cuando desde hace mucho tiempo no nos damos la oportunidad de compartir con ella, pero siempre merece nuestro reconocimiento. En la presente ocasión me permito escribir en este espació algunas palabras como reconocimiento para esa persona que siempre la recordamos como la guía predilecta de las letras, los números, en fin, de los saberes; esa persona de luces a quien siempre admiramos desde lo más profundo de nuestro ser. Cada quien expondrá sus razones del porque es de esa forma, otras sencillamente lo hacen porque están convencido de que es necesario ese reconocimiento a tan especial persona.

En estos viajes que nos permite vida, hay una persona que emerge como la mejor maestra, aquella cuya influencia trasciende las fronteras convencionales de la enseñanza. Su salón de clases no está limitado por paredes físicas, sino que el mismo se extiende por los rincones de esos espacios que conecta de muchas formas, impregnando cada momento con lecciones de vida que van mucho más allá de la mera instrucción académica. En ese arte prodigioso de enseñar, siempre revela su maestría, en sus lecciones, hemos estado aprendiendo no solo sobre números y letras, sino sobre empatía, resiliencia y el arte de ser verdaderamente humano. Su enfoque va más allá de la adquisición de conocimientos; se sumerge en el tejido mismo de las experiencias cotidianas, ofreciendo una perspectiva única sobre cómo enfrentar los desafíos y celebrar las alegrías.

Lo que intitula el presente espacio, así como lo antes descrito es para referirme a la autora de los días de quien suscribe, se trata de Otilia Gonzalez, ella con la empatía como el hilo conductor que une todas sus enseñanzas, no solo transmite información, sino que también modela el valor de comprender y compartir las cargas de los demás. En su aula, que es el lugar donde ella esté, la aceptación y el entendimiento son fundamentales, siempre crea un ambiente en el que cada quien se siente visto y apreciado. Ella va más allá de la enseñanza tradicional; nutre el espíritu, cultivando la conexión emocional que es esencial para el crecimiento integral; tiene creatividad, es como un faro que ilumina el camino del aprendizaje. Transforma las tareas diarias en oportunidades emocionantes para descubrir algo nuevo y enriquecedor para todos.

Más allá de las lecciones de cada ocasión, es de gran satisfacción para este su servidor tener presente en cada momento, que Otilia no solo me dio la luz de la vida, sino también las primeras luces del conocimiento en cuanto a letras y números, lo que me hace indicar que mi madre es la mejor maestra, esa que siembra las semillas del futuro, esa que sigue indicando que la responsabilidad, el respeto y el amor propio son parte integral de las enseñanzas, contribuyendo a la formación de individuos conscientes de un compromiso inquebrantable de aprendizaje continuo. Amigas y amigos de este su espacio predilecto agradecido de ustedes y de sus mensajes, seguimos en las letras y con ocasión del día del educador el 15 de enero les deseo a quienes tienen ese sentir muchas felicidades. Hasta la próxima con el favor de Dios, para contactos lo pueden hacer por @Joseceden o por Facebook / José E Cedeño Gonzalez (El hijo mayor de Otilia Gonzalez).

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