Fue un mes de intensa busqueda

Paramilitar desmovilizado secuestró a Picho

Solo alguien que no fuera deltano, pudo atreverse y lo hizo.

Conocedor de la bonhomía y don de gentes de Simplicio Hernández, desprevenido y confiado en grado extremo, aprovechó la guardia baja y tramó el secuestro.

En la lista de al menos 20 posibles víctimas elaborada por Mario Cardozo Liber, alias “Camilo”, paramilitar colombiano desmovilizado de 38 años, dedicado oficialmente a la industria del secuestro en nuestro país, destacaba el de mayor investidura y prestigio, un exgobernador de la IV República, por encima de empresarios y lideres políticos de la Revolución.

De “Camilo” se decía que poseía una extraordinaria puntería, “pegando” una botella de refresco a 40 metros de distancia.

Fungiendo como taxista, por espacio de 3 años frecuentó Tucupita, residiendo en una parcela de terreno sin urbanizar, con varias viviendas levantadas con láminas de zinc, mientras realizaba “labores de inteligencia”.

A lo largo de los 1.000 y tantos días, sedujo a una docente, logrando arrebatársela a su pareja oficial, armó un aparato logístico, estructuró una red de cómplices y ejecutó la operación delictiva mas osada de su existencia.

La única y exclusiva razón de que el José Gregorio Hernández deltano fuera el más secuestrable, era su descreimiento en que luego de haber hecho tanto bien, cultivando con rigor la amistad y cercanía con personas de todos los ámbitos sociales, incluso con varios de los secuaces de “Camilo”, a alguien se le atravesara tal desafuero por la mente.

Haberlo percibido sin protección entre la multitud en el fragor de la gallera, luego de seguirlo con lentitud, sin apuros, como acostumbraba manejar el doctor, hasta los confines de las troncales campesinas, donde iba a participar de su entretenimiento favorito, lo afirmó en la decisión de victimizarlo.

Inscribete ya

El hecho ocurrió el 6 de septiembre de 2012, cuando el galeno tenía 84 años. Un acto delictivo ciertamente improbable, por cuanto a esa edad los captores deben extremar los cuidados del cautivo, en riesgo de padecer alguna enfermedad que pueda costarle la vida.

Por fortuna, la presión ejercida por mas de 2.000 funcionarios de seguridad de diverso tenor, encabezados por el jefe de la División Nacional Antisecuestros del CICPC, Com/J. Luis Karabin, y el Cnel. Sabino Vigil, coordinando el componente militar en el Delta, forzó su liberación un mes después.

El presidente Chávez le había cumplido a su hija Lizeta, mandataria del estado, a quien prometió desde el alto gobierno, que haría cuanto estuviera a su alcance para rescatarlo sano y salvo.

Visiblemente disminuido, con varios kilos menos de peso y un poso de tristeza en los ojos, por haberle ocurrido aquello que nunca jamás llegó a imaginar, se recuperó rápidamente y al mes estaba atendiendo de nuevo en su consultorio de la CEMETCA.

Once fueron las personas detenidas, desde una honorable matrona hasta una directora de escuela, católica hasta la medula, ilustrando el teatral y dislocado secuestro.

Para dar tinte y color a la historia, quien presentó los detenidos, ordenando mostrarlos de frente, contraviniendo el mandato de las leyes venezolanas, fue el ínfimo “Pollo” Carvajal, con su sombrero de narco y 1:60 metros de altanería, derivados de ser jefe de la Contrainteligencia Militar (DGCIM) en tiempos del comandante barines. Por cierto, al ave de corral devenida en “polluelo” o “pollito”, lo mostraron de igual forma años después en Aruba, España y EEUU.

Las sentencias fueron feroces, cayéndoles todo el peso de la ley. Picho tuvo tiempo de recuperarse, reencontrarse con su pueblo, ejercer de médico de cortesía, realizar una última operación a los 91 años y desterrar la oscura leyenda enarbolada por un sector de la oposición, de que su dilecta “heredera” médica y política, simuló el secuestro, escondiéndolo durante un mes, para relegitimarse como gobernadora.

Si Picho fue archiconocido en el Delta y el país supo de él, como segundo a bordo de la senaduría en el otrora Congreso Nacional, luego del secuestro terminó siendo figura nacional y protagonista del mayor y más increíble hecho delictivo acontecido en su tierra adoptiva.

Una vida de película, ciertamente.

Post data: Con la base documental del libro: “Simplicio Hernández, un médico, un pueblo”, de Apolinar Martínez (+)

Compartir contenido

Vamos a encontrarnos en Telegram https://t.me/Tanetanaedelta