P. K’okal sacudió los cimientos del pueblo Warao y luego partió

El P. Josiah K’okal fue un tornado que arrasó con todo a su paso, conmoviendo cimientos y estructuras, y luego decidió partir. Una fuerza de la naturaleza sin diques ni contenciones, indetenible.

Hombre de planes y propósitos, rebautizó comunidades, refundó pastorales, reactivó iniciativas adormecidas, suscribió ideales, multiplicó alianzas y después se fue, dejando el mundo al derecho -o al revés-.

Con un dinamismo cercano a la hiperactividad y una inquietud mental similar a los estados de cocción, con el agua en plena efervescencia, generaba ideas y proyectos cual mago con sombrero.

Secundado por sus fieles escuderos de La Consolata, no negaba ninguna posibilidad ni se arredraba ante los obstáculos.

Como los ñus africanos, abundantes en Kenia, iba siempre hacia adelante, de frente, en línea recta, autopropulsándose.

Pocas veces se vio en el Delta un sepelio tan concurrido y unas exequias abrumadoramente sentidas en medio de centenares de manifestaciones pletóricas de sentimientos nobles, espíritus acongojados y almas dolidas.

K’okal conectó el pasado con el futuro rescatando huellas del paso de los misioneros por tierras Warao y visionándolas en un radiante porvenir.

En cierto sentido, trazó el itinerario e instaló los rieles ferroviarios sobre los que ha de desplazarse la autopista de la ilusión, la esperanza y la fe.

Lo hizo, como expresó el Monseñor Ernesto Romero, en un lapso corto de tiempo entre dos eternidades. Un momento no más, suficiente y necesario para definir la hoja de ruta que hemos de transitar.

 

Compartir contenido

Vamos a encontrarnos en Telegram https://t.me/Tanetanaedelta