Luis Eduardo Martínez: Venezuela, el mejor país del mundo

Han sido los últimos años terribles para todos.

Sobre Venezuela se ensañó una tormenta perfecta.

Primero fue el empeño de implantar un modelo neo comunista, el denominado Socialismo del Siglo XXI, que en cualquiera de sus modos ha fracasado en cuanto país se ha intentado.

Después fueron las sanciones extranjeras que por igual han sido un fiasco en cada nación que se han aplicado en procura de reemplazar gobiernos.

La antigua URSS, North Korea, Cuba, Albania, la China de Mao, Vietnam, Camboya, la Alemania del Este y pare de mencionar, son ejemplo de lo que cualquier modo de comunismo-socialismo ocasiona en la vida de un pueblo.

Otra vez North Korea, Cuba, ahora Rusia, Nicaragua, Irán, Birmania, Zimbabue, Venezuela y varios más a lo largo de los últimos cien años, son demostración suficiente que las sanciones en poco, o en nada en los casos mencionados, influyen para que se produzcan cambios de gobierno a la medida del deseo de los sancionadores.

El Socialismo del Siglo XXI -que ya ni se nombra- y las sanciones han arruinado a Venezuela.

La economía venezolana es hoy un quinto de la de décadas atrás. El PIB se ha derrumbado en cerca del 80 %. Solo Liberia en una centuria, tras un larga y sangrienta guerra civil, ha experimentado una catástrofe económica similar.

Somos un país de pobres, con un mercado enanizado y los salarios más bajos del mundo, recurrente inflación, servicios públicos colapsados.

Sin esperanza ni oportunidades, millones se han marchado y continúan marchándose. Cada bebé que muere caído de un tren en marcha cuando sus padres intentan treparse para continuar viaje por Centroamérica, cada joven que se ahoga al intentar cruzar el río Bravo, cada muchacho que perece entre las llamas de un refugio en México o atropellado en una parada en los Estados Unidos, cada familia desaparecida en el mar navegando desde San Andrés o hacia Aruba o Trinidad, cada hombre caído en el Darién o cada mujer violada en tan dantesca travesía, cada uno de los que fallecieron congelados atravesando el páramo de Berlín o abrasados en el desierto de Atacama, debería ser un aldabonazo en la conciencia de los responsables de haber arruinado a Venezuela, pero increíble no lo es.

Este el nuestro, puede y debe ser el mejor país del mundo.

De democracia plena, prosperidad generalizada, empleos de calidad, con sueldos, salarios, pensiones y jubilaciones dignas.

De justicia e inclusión social.

En el cual se priorice la educación y la salud, se apoye a todo evento a empresarios y emprendedores, respete la propiedad privada,  proteja a los trabajadores y a las trabajadoras.

Se preserve el ambiente.

Un país al cual regresen nuestros muchachos, que no habrá más alegría que esta.

2024 es el año en cual dejando atrás odios y peleas comenzaremos a forjar un mañana diferente, en paz, sin perseguidos ni perseguidores.

No es este un asunto de rojos, blancos, verdes, azules o naranja. Este es un asunto de todos, de nosotros, de cada uno de nosotros.

Somos, en la gran mayoría, gente buena, honesta, capaz, trabajadora.

Juntos lo haremos posible.

Venezuela, el mejor país del mundo.

 

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