Lizeta a rienda suelta

A Lizeta Hernández se le ve cómoda, por no decir relajada, tranquila. Primera vez en años de elecciones que se la observa así.

Según sus allegados, hasta llegó a decir que será una campaña bonita, con mucho estilo y glamour, a la que ella le pondrá la chispa.

No la asusta su vecino Abraham, ni la contendora mudista Bernalda, ambos son o fueron cercanos, y no representan el temor a lo desconocido, ni personas a las que haya que meter presión en el marco de una campaña electoral. Sin fisuras ni goteras; serios, formales y respetuosos; no incitan al odio ni a la agresividad.

Lo mismo le sucede con José Ángel Gascón, quien incluso, en un mensaje de doble vía manifestó que no se trata de cambiar a Lizeta sino al gobierno, con lo cual enredó un poco más las cosas, pareciendo que ella debe quedarse.

Sin saber si es apariencia o realidad, el caso es que se muestra como en vísperas de un fin de semana de camping el 21N.

Previamente hubo alguien que contribuyó con creces, rehuyéndole a la candidatura a la gobernación, casi reconociendo que es misión imposible.

Se pinta de tal forma esta contienda, que tal parece que fuera un Dominó entre panas con dos de un lado y dos del otro, con uno de ellos obviamente haciendo pareja con la mandataria.

Extraño proceso luego de 13 años para una gobernante, que aun sabiendo que debe conceder una o dos legislaturas y una o dos concejalías en la capital del Estado, no parece preocuparse.

¿Efectos del tiempo transcurrido al frente del Ejecutivo? ¿Simulación? ¿Cansancio? ¿Realidad? En fin, sea lo que sea, parece tan sosegada que cualquiera diría que se trata de un trámite más en su carrera política.

Seguro mató confianza, ahora bien ¿está realmente segura o es una pose? A dos meses de las elecciones, habrá tiempo de sobra para averiguarlo.

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