La obra de los misioneros capuchinos en el Delta

Tomado del libro «Tucupita, documentos eclesiásticos», de Fr. Julio Lavandero, misionero capuchino, miembro de la Academia de la Lengua por Delta Amacuro.

Es una verdad innegable que en el territorio Delta Amacuro se ha venido verificando desde el año 1919, en que llegaron aquí los padres capuchinos, un cambio lento pero eficaz, en la vida religiosa y cristiana. Este cambio o transformación moral comenzó, como era natural, por Tucupita, capital del territorio, población que hasta hace pocos años, carecía de importancia y que hoy es la más floreciente de toda la región.

Antes del año 19 no tenía ni había tenido nunca Párroco o sacerdote encargado de la cura de almas, a causa de su poca o ninguna importancia. Solamente de tiempo en tiempo, una vez al año lo más, venia algún sacerdote de las parroquias vecinas, Irapa, Guiria, Uracoa y Ciudad Bolívar. Llegaban hasta el propio caserío de Tucupita, ya que los de Irapa y Guiria no pasaban de Pedernales, que por aquella época era más importante. El padre de Uracoa visitaba a Macareo-Santo Niño, también de más significación que Tucupita y a caño verde, perteneciente entonces al territorio y en la actualidad al Estado Monagas.

El gobernador, Dr. Samuel Maldonado, comprendiendo que el mejor medio para que prosperase el territorio era conseguir un sacerdote fijo, obtuvo del gobierno nacional una pensión mensual, la que aumento el de los fondos del gobierno territorial, con el fin de asegurar congrua subsistencia del Párroco. Poco antes de realizarse estas gestiones, había conseguido que los PP Capuchinos se hicieran cargo de la Parroquia de Tucupita. El 18 de agosto de 1919 llegaron a la capital del territorio Delta Amacuro el R.P Arcángel de Valdavida y Fr. Saturnino de Bustillos. Hecho memorable que cual piedra miliar, marca el punto de partida de una era de prosperidad moral y aun material para todo el territorio Delta Amacuro.

La iglesia y casa parroquial se hallaba en estado verdaderamente lamentable, todo había que hacerlo. El templo, más que casa de Dios, parecía guarida de murciélagos, pudiéndose juzgar de la cantidad que en el anidaban, por el hecho de que en un solo día mató Fr. Saturnino la respetable cifra de 116. No había ornamentos sagrados, ni candeleros, ni imágenes ni otros enseres necesarios para el culto divino. Llevaba el nombre de casa parroquial un pequeño rancho de bajareque cubierto de temiche, con dos habitaciones, que tenían por todo ajuar dos sillas desvencijadas y una percha. El solar o fondo era una laguna llena de caña brava en la que no faltaban culebras de agua.

En el mes de octubre de 1919 llego a Tucupita el R.P. Samuel de San Mateo; el P. Arcángel se vio atacado fuertemente de fiebres palúdicas, que tuvo que ausentarse para Caracas, de donde ya no pudo regresar. En junio de 1920 llego el P. Epifanio de Soto para ayuda del P. Samuel, siendo su compañero durante varios años en las tareas del apostolado, y llevando a cabo algunas largas excursiones, llenas de penalidades y trabajos, de resulta de las cuales llego a enfermarse, teniendo que salir de allí para recuperar la salud.

El primer cuidado y preocupación de los padres al hacerse cargo de la Parroquia, dice el P. Félix de Vegamian en su memoria, pág. 71, fue proveerla de todo lo necesario para el culto, pues, como hemos visto, de todo carecía, compraron en distintas ocasiones cálices, casullas, albas, custodias, candeleros, vía-crucis, lámpara para el santísimo, pila bautismal y de agua bendita, incensarios y piedras de ara. Hicieron confesionarios, bancos, pulpito y trajeron palio, ternos, pluviales, etc.

Por lo que hace a la casa parroquial, fueron poco a poco acomodándola y reformándola; levantaron las paredes, hicieron nuevas habitaciones, buen corredor y algunas oficinas; pusieron el techo de cinc, en parte cercaron y sanearon el patio, rellenándolo en forma que no pudieran estancarse las aguas. En esta casa mejorada, vivieron durante nueves años.

Uno de los que más trabajaron en estas obras fue sin duda el P. Samuel, verdadero héroe y misionero de Tucupita y aun de todo el territorio; quien además de atender a los sagrados ministerios en la población y de hacer de cuando en cuando algunas excursiones por los caseríos, llevo a cabo grandes trabajos en la iglesia como en la casa cural, según dejamos consignado, haciendo en ellos de peón y de maestro, con admiración de cuantos lo veían. Levanto una casa amplia y bien situada; fue director por varios años de la escuela federal graduada y también de algunas otras; con los más adelantados y competentes discípulos formo una banda, que es la que ha venido amenizando tanto las fiestas religiosas como las cívicas, y, finalmente, fomentó de una manera extraordinaria el culto, llegando a un grado de esplendor pocas veces igualado después…

  1. Cayetano de Carrocera

O.M. CAP.

Venezuela Misionera

9-236

 

 

 

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