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Hace 3 años se fugó el último Pran

Dicen que Pran significa: preso rematado, asesino nato. Durante al menos tres lustros, el acrónimo fue sinónimo de la palabra terror.

El gobierno procuró definirlos como líderes positivos, en espera de que, de común acuerdo con otros internos, alcanzaran la paz y el orden carcelario, ocurriendo exactamente lo contrario.

Se erigieron en cabecillas negativos que, aprovechando la impunidad de la prisión, dirigieron imperios delictivos cuyas acciones trascendieron las fronteras de Venezuela.

El Centro de Retención y Resguardo Policial Guasina, también conocido como el Retén de Guasina, no fue la excepción. Desde principios del siglo XXI, desfilaron unos ocho por sus espacios, siendo los más renombrados los alias: “Torombolo”, el “Feo” y el “Búho”, dos de ellos fallecidos. Quien aún sobrevive, se convirtió al Evangelio, alejándose del candelero y llevando una vida de bajo perfil para sobrevivir a sus enemigos.

El 27 de enero de 2021, dos años antes de que ocurrieran las intervenciones de las cárceles nacionales, de la penitenciaría deltana se escabulló alias el “Gordo” con catorce de sus secuaces, siendo ultimado a palos a cinco días de la evasión, incluyendo cuatro de sus acompañantes.

Fue una ejecución brutal de la que se desconocen los responsables, no habiendo interés en investigar. Simplemente se archivó.

Al “Gordo”, que en vida respondía al nombre de Ramón Junier Bermúdez, le jalaron la lengua hasta casi arrancársela, en un claro mensaje de corte mafioso.

Días antes, las autoridades dejaron correr la voz, manifestando que ingresarían tipo comando con armas de grueso calibre al CRRPG tomándolo a la fuerza, en espera de estimular la fuga. La estrategia les dio resultado, logrando allanarlo pacíficamente.

Despejado el camino, la incursión resuelta y audaz de los agentes estadales, al mando del sagaz C/J. Jackson London, jefe del estamento policial, secundado por el intrépido P/O. Juan Rincones, su director hasta la presente fecha, y el inquieto P/C. Galindo Herrera, coordinador del Servicio de Investigación Penal (SIP), con el secretario general de Seguridad y Orden Público C/J. Noel Valderrama cubriendo la avanzada, anuló las posibles resistencias hasta ejercer el control total del recinto.

Nunca se supo cuántas armas decomisaron ni cuantas caletas demolieron, lo cierto es que no volvió a escucharse hablar de pranes en Tucupita.

Y aunque jamás se mencionaron cifras, se hizo evidente que se clausuraba una época de abusos y atropellos, en la que recuperar un bien era más fácil negociando su devolución en el Retén, que interponiendo la denuncia ante las autoridades.

Falta mucho por hacer, sin embargo, a despecho de unos cuantos que se lucraron del inhumano y ruin depósito de gente, empleando una frase que acostumbra utilizar como eslogan político el gobierno, podemos afirmar “los pranes no volverán”.

El último Pran

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