Darwin Suárez tenía lo que se llama don de gentes
Hombre que no le temía a trabajar ni a rebuscarse la vida, ejerció múltiples oficios, ganándose siempre en forma digna, el pan nuestro de cada día.
Con amigos por doquier, franco y directo, humilde y sencillo, espontaneo y “jodedor”, era querido.

Deltano de los que aman su tierra, nunca la abandonó, seguro que su lugar en el mundo estaba en Tucupita.
En 2026 matriculó, sin embargo, a principios de enero la maquina se detuvo. Dijo hasta aquí y Darwin partió en vuelo directo, sin escalas, al reino de infinito.
Dios lo tenga en su Santa Gloria.

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