Exilio del sexto día, por Aquiles J. Amares P

Para Nalli, por supuesto.

Profeso una predilección por ese espacio y  tiempo ¿Se puede decir así Dr Einstein? Cuando presagio tu cercanía, luego de navegar varios días por tortuosos compromisos. Pero cuando te aproximas hueles a aroma y tersura de musa verdadera: de carne y hueso  y amable y besable… como las  refiere Rubén Darío.

Por eso no creo, mucho menos te reconozco ningún estado de febrilidad, como lo anuncia la meca de estética perversa, de movimientos e imágenes recargadas del peor gusto y en consecuencia putrefactas: Hollywood.

 Bueno, me entero que tu llegada a nosotros,  que tampoco ha sido cosa sencilla. En reversa llegamos a ti; vienes de tiempos en que la poesía fomentó la palabra, el verbo silvestre, primigenio: Venidos de voces rebotadas del bíblico sabbätum, del helénico Σάββατο,  del hebraico יום שבת; sabbät, y más allá del acadio sabbattum, para recordarnos y decirnos; descanso.

 Día sexto; de mi preferencia, eres un refugio, eres ínsula bordeada de roquedos, en una mar de viernes y domingos, embravecida, tormentosa de olas intermitentes, de rugir amenazante, con alternancia de ritmos apacibles de sospechosa quietud ante éste; mi  exilio sabatino. Más allá en el lejano horizonte, un océano de incertidumbres por tiempos, días, horas  de un porvenir de rostro enhiesto de inciertas e indescifrables señales.

Quienes te inventaron más allá de los tiempos, tuvieron buen tino al pactar con el viento que recoge voces de ecos melódicos, que nos animan a recuperar fuerzas para enfrentar las tareas impuestas con el rigor del sudor, que es muestra de la pena que le impuso Dios a las tribus expulsadas del paraíso.

Hueles a  la inasible libertad, que como arcoíris en el horizonte utópico nos conmina a avanzar; pues para eso sirve, para avanzar, avanzar, avanzar…

Ojidu

¡Carabobo, memoria y gloria heroica de la Venezuela eterna!

¡El Sol de Venezuela nace en el Esequibo!

 

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