Ernesto Romero, obispo de DeltaAmacuro/Tanetanae.com

Evangelio que inició en Araguaimujo será el año jubilar de la iglesia

Carta emanada del Vicariato Apostólico de Tucupita

El año jubilar, con motivo de la celebración de los cien años de IMPULSO EVAGELIZADOR MISIONERO, DESDE ARAGUAIMUJO, Vicariato Apostólico de Tucupita, es un momento de gracia para ayudar al pueblo de Dios a vivir todo lo que la Iglesia nos propone para esta ocasión. Se trata de un año de gracia para agradecer y celebrar la Misericordia de Dios, y, también, en nuestras actuales circunstancias, para animar la renovación y la conversión personal y pastoral tan necesarias en nuestra Iglesia. Queremos, con este año jubilar, animar y renovar la vida cristiana, favoreciendo el encuentro con el Señor que se acerca a nosotros y nos envía a la misión.

¿Qué significa celebrar un jubileo? Hacemos nuestras las reflexiones que al respecto realizó San Juan Pablo II en Tertio Millenio Adveniente y que nos pueden ayudar a situar adecuadamente el espíritu con el que queremos celebrar este Año Jubilar. Partimos de que el Jubileo es una experiencia profundamente humana. “En la vida de cada persona los jubileos hacen referencia normalmente al día de nacimiento” (TMA 25), aunque también se celebran otros acontecimientos importantes en la vida de las personas (aniversario de boda, sacerdocio o profesión…), como también de las comunidades o instituciones. Para las personas y las comunidades que celebran estos aniversarios se trata de momentos importantes que marcan sus vidas y que son vividos como acontecimientos personales o comunitarios que desempeñan un papel significativo en su existencia. Desde el punto de vista creyente podemos decir que se convierten en auténticos “años de gracia”. Pero es en la tradición bíblica donde encontramos elementos que nos ayudan a una celebración adecuada. Ya en el Antiguo Testamento están presentes muchas referencias que nos hablan de que “el Jubileo era un tiempo dedicado de modo particular a Dios”, pero con consecuencias sociales. Con una cadencia de siete años (año sabático) y cincuenta años (año jubilar), una de las consecuencias más significativas del mismo “era la emancipación de todos los habitantes necesitados de liberación” (TMA 12). De esa manera se hacía memoria y se recuperaba la intención del acto creador de Dios que nos convoca a la fraternidad universal, al destino universal de los bienes, a la belleza e integridad de la creación… Con una dimensión fuertemente social, “el año jubilar“ debía devolver la igualdad entre todos los hijos de Israel (…), recordaba a los ricos que había llegado el tiempo en que los esclavos israelitas, de nuevo iguales a ellos, podían exigir sus derechos (…), venía en ayuda de todos los necesitados (…) y exigía un gobierno justo, que consistía sobre todo en la protección de los débiles (…). El año jubilar debía servir de ese modo al restablecimiento de esta justicia social” (TMA 13). Paradigma de ese año de gracia particular, es el pasaje del Nuevo Testamento en el que Jesús acude a la sinagoga de la ciudad donde pasó su juventud y proclama: “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado a evangelizar a los pobres, a proclamar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista; a poner en libertad a los oprimidos; a proclamar el año de gracia del Señor” (Lc 4, 16-30). “Todos los jubileos se refieren a este tiempo y aluden a la misión mesiánica de Cristo venido como consagrado con la unción del Espíritu Santo, como enviado por el Padre. Es Él quien anuncia la buena noticia a los pobres. Es Él quien trae la libertad a los privados de ella, libera a los oprimidos, devuelve la vista a los ciegos. De este modo realiza un año de gracia del Señor que anuncia no sólo con las palabras, sino ante todo con sus obras. El jubileo, año de gracia del Señor, es una característica de la actividad de Jesús y no sólo la definición cronológica de un cierto aniversario” (TMA 11). El Papa Francisco afirmó: “El Jubileo lleva también consigo la referencia a la indulgencia (…). El perdón de Dios por nuestros pecados no conoce límites. En la muerte y resurrección de Jesucristo, Dios hace evidente este amor que es capaz incluso de destruir el pecado de los hombres. Dejarse reconciliar con Dios es posible por medio del misterio pascual y de la mediación de la Iglesia. Así entonces, Dios está siempre disponible al perdón y nunca se cansa de ofrecerlo de manera siempre nueva e inesperada. Todos nosotros, sin embargo, vivimos la experiencia del pecado. Sabemos que estamos llamados a la perfección (cfr Mt 5,48), pero sentimos fuerte el peso del pecado.

Mientras percibimos la fuerza de la gracia que nos transforma, experimentamos también el impulso del pecado que nos condiciona. No obstante, el perdón, llevamos en nuestra vida las contradicciones que son consecuencia de nuestros pecados. En el sacramento de la Reconciliación Dios perdona los pecados, que realmente quedan cancelados; y, sin embargo, la huella negativa que los pecados dejan en nuestros comportamientos y en nuestros pensamientos, permanece. La misericordia de Dios es incluso más fuerte que esto. Ella se transforma en indulgencia, comprensión del Padre que, a través de la Iglesia, alcanza al pecador perdonado y lo libera de todo residuo, consecuencia del pecado, capacitándolo para obrar con caridad, a crecer en el amor más bien que a recaer en el pecado. Vivir entonces la indulgencia en el Año Santo significa acercarse a la misericordia del Padre con la certeza que su perdón se extiende sobre toda la vida del creyente. Indulgencia es experimentar la santidad de la Iglesia que proporciona a todos los beneficios de la liberación de Cristo… Vivamos intensamente el Jubileo pidiendo al Padre el perdón de los pecados y la dispensación de su indulgencia misericordiosa.

PROPUESTAS PARA SU CELEBRACIÓN

Durante el Año Jubilar damos gracias a Dios porque nos ha guiado durante toda la historia de este Vicariato Apostólico de Tucupita que celebra el centenario de su Centro Misional madre; y, especialmente, porque nos ha acompañado en este tiempo de tribulación. En nuestro peregrinar, recordamos a todas las personas fallecidas y a todos los que han aportado lo mejor de sí mismos para bien de nuestra Comunidad. A los pies de Santa María, madre del Buen Pastor, seguimos poniendo las necesidades de nuestro pueblo. “Con este espíritu la Iglesia se alegra, da gracias y pide perdón, presentando súplicas al Señor de la historia y de las conciencias humanas” (TMA 16). El I Centenario será, por tanto, una fiesta de acción de gracias al Dios de la historia que ha puesto su JANOKO entre nosotros. Invitamos a toda la comunidad del Vicariato a dedicarlo, agradecidos a Dios, como le dedicamos cada domingo.

El año jubilar es especialmente “un año de perdón de los pecados y de las penas por los pecados, año de reconciliación entre los adversarios, año de múltiples conversiones y de penitencia sacramental y extrasacramental” (TMA 14). Tradicionalmente, en los años de jubileo, la dimensión penitencial se expresa en las gracias jubilares que la Iglesia ofrece a través de la indulgencia que nos lleva a la conversión de vida y a la celebración comunitaria del perdón de Dios. La sinodalidad jubilar se vive especialmente formando parte de esta comunidad cristiana que camina en el delta Amacuro y que se siente estrechamente unida. El jubileo ha de ayudarnos a crecer en nuestra sensibilidad social y en el ejercicio de la caridad y de la justicia con los más pobres y necesitados. El año de gracia y la buena noticia han de resonar hoy con fuerza entre nosotros. El gesto solidario que realizaremos como comunidad diocesana nos ayudará a oír el clamor y los gritos de nuestro mundo, de manera que, como buenos samaritanos, no nos quedemos indolentes. Adquirimos así las cualidades del buen Samaritano que miró las necesidades, se acercó a ellas, vendó sus heridas, se hizo cargo de ellas, las cuidó y se responsabilizó de ellas… (cf. Lc 10, 25-37).

 

La celebración del jubileo es fundamentalmente un río, un caño para navegar, un camino a transitar, un itinerario que se va haciendo personal y comunitariamente, en el que vamos asumiendo las actitudes propias de este Año de Gracia. Por eso, es importante plantearnos algunas actividades que nos ayuden a interiorizar en la comunidad parroquial el sentido del Jubileo, a vivirse auténticamente como un Año de Gracia. Proponemos que durante el Año Jubilar haya una ambientación especial en la iglesia que nos recuerde su celebración: un signo, un cartel, unas palabras… Junto a ello, se podrá convocar a hacer una reflexión en la comunidad cristiana sobre el Año Jubilar: para ello, nos podremos servir de las catequesis o convocar a algún tipo de charla o encuentro. Tenemos también diferentes materiales que podremos utilizar, si nos parece, en ocasiones oportunas. De cara a caminar juntos, vicarialmente iremos ofreciendo algunas propuestas que nos unan y nos vinculen en una misma jornada.  Estas tendrán que ser concretadas y ampliadas por cada comunidad parroquial:

 

  • Toque de campanas con motivo del inicio del Jubileo. • 19 de marzo de 2024: preparación especial de la Eucaristía en cada parroquia. • Actividades con niños y jóvenes a nivel parroquial/vicarial.
  • Jornada de memoria y recuerdo de nuestros Santos-los testigos. • 31 de diciembre de 2024: Vigilia de acción de gracias al finalizar el año. • 14 de enero de 2025: Jornada de la Divina Pastora. • Hacer memoria, en cada lugar, de culto de la fiesta de la dedicación del templo.
  • Preparar bien Pentecostés con proyección de ser “piedras vivas” en cada una de las comunidades.
  • Octubre misionero de 2024: Domund. El Año Jubilar nos envía a la misión. Se enviarán materiales.
  • Algún gesto de reconciliación a nivel parroquial o vicarial.
  • Celebraciones y seguimiento de los Encuentros vicariales de pastoral. • Celebración especial en cada parroquia para visibilizar la unidad y comunión con el Sínodo de la sinodalidad en marcha.

Jornada Mundial de los pobres. Preparar algún gesto de cercanía con los pobres como característica del Año Jubilar. • Cuidar especialmente y relacionar con el Jubileo, en su sentido bíblico, todas las celebraciones a lo largo del año que tienen una dimensión social: Cáritas, Infancia Misionera, Migraciones… • Hacer un gesto especial a nivel parroquial de cara al Gesto Solidario Vicarial. • Organizar alguna actividad de cuidado, disfrute, respeto a la Creación a nivel parroquial o vicarial.

 

 

 

 

 

 

 

ORACIÓN DEL AÑO JUBILAR

 

 

Padre Santo, que enviaste a tu Hijo al mundo

a proclamar la llegada de tu Reino,

y con la fuerza del Espíritu Santo conduces a la Iglesia a través de los siglos:

como miembros de tu pueblo,

conmemoramos con gozo el primer centenario de Araguaimujo,

casa y escuela de impulso misionero,

testimonio misionero del Vicariato de Tucupita.

Queremos renovar nuestro compromiso de seguir celebrando la fe

y anunciando el Evangelio como creyentes discípulos misioneros.

Somos continuadores de los misioneros y misioneras navegantes

que han sido testigos de humanidad y esperanza cristiana

en medio de este pueblo.

Te pedimos que, fieles al Espíritu,

transformes nuestros corazones con tu Palabra y presencia en la Eucaristía,

a fin de invitar a todos a caminar juntos,

construyendo una sociedad más justa y fraterna,

por el mandamiento del Amor.

Santa María, Madre del Buen Pastor,

acompáñanos e intercede por nosotros.

AMÉN.

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