Don Pablo

Juan José Jaramillo (Candidato a Cronista de Tucupita)

Don Pablo Barreto, conocido popularmente como “Pablito”, vivía en la avenida Arismendi, casado con la señora Juliana Dicurú, de cuya unión nacieron cuatro hijos: Oswaldo, reconocido y renombrado profesor de matemática que ha laborado en casi todos los institutos de educación media y superior de Tucupita; José, conocido popularmente como “Carita”, también educador, fue presidente de la ilustre Cámara Municipal y Legislador; Idalmi, licenciada en Sociología, labora para la Corporación Venezolana de Guayana; y Rene, obrero especializado que labora en un comercio de la localidad.

A “Pablito” le gustaba bastante el trago, pasaba por la bodega de Don Marcos Bello y compraba su botellita de caña clara, la destapaba y se echaba un trago a nombre de Barreto, salía y se paraba frente a la Iglesia San José y se preguntaba:

¿Barreto, no le vas a brindar un trago a Pablito?

Se echaba otro trago, continuaba su camino, a la media cuadra volvía a decir: –Bueno uno pa´ Barreto y otro pa´ Pablito-. Se echaba dos tragos más.

En la esquina de calle Dalla Costa con Arismendi, hacia el primer discurso, en apoyo a Luis Beltrán Prieto Figueroa, a favor del Movimiento Electoral del Pueblo, y volvía decir: -“Pablito”, brinda a Barreto-, y se trancaba dos tragos más.

Cuando iba frente al sitio donde se estaba construyendo la catedral, se paraba, se persignaba haciéndose la señal de la Cruz, dando tras pies y haciendo eses. Allí se mandaba un segundo discurso contra los adecos, y decía nuevamente: –Barreto, bríndale un traguito al pobre “Pablito”, que tiene rato que no se toma un trago-. Se tomaba dos tragos más, el de Barreto y el de Pablito.

Cuando llegaba al cruce de calle 5 de Julio y Arismendi, cerca de su casa, la botella estaba casi vacía y volvía a decir:

Pablito, se acabó la botella, brindale a Barreto, no te pongas necio, salud Barreto-.

Se echaba el último trago que había quedado en la botella. Se mandaba otro discurso, que casi no se le entendía lo que decía de la tremenda rasca que tenía.

-Bueno se acabó la botella, Barreto y “Pablito”, se van a dormir, y se despedía: –Chao Barreto, hasta luego “Pablito”-.

Y entraba a su casa.

 

 

 

 

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