Dr. Abraham Gómez R. Miembro de la Academia Venezolana de la Lengua
Hasta ahora, el cuento más corto de la literatura contiene apenas siete palabras: “Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí.” Ese es el cuento. Allí está dicho todo. Ni más ni menos.
En estas siete palabras está contenido todo el discurso que su autor el guatemalteco Augusto Monterroso quiso expresar.
Es un ardid valioso, para concitar la lúdica en este género lingüístico.
Sí, todo el texto en apenas siete vocablos. ¡Increíble…!

Nace toda una constelación reflexiva para pensar y elucidar a partir de estas siete palabras.
Ese cuento siempre ha constituido una provocadora insinuación, tal vez invitación, para ahondar nuestros pensamientos, con sentido crítico y con carácter diacrónico ( a través del tiempo).
Pero a pesar de su brevedad no por ello resulta ser un cuento simple y sencillo; más bien, su cortedad exige un análisis concienzudo para determinar con certeza qué fue lo que nos quiso decir este cuentista.
Requerimos afinar el análisis; agudizar nuestra perspectiva para develar las categorías filosóficas que sirven de estribaciones a Monterroso para la construcción de este fino texto; más aún, intentar pesquisar, en la medida de nuestras posibilidades, cuál es su eje argumentativo central.
Este citado autor es uno de los máximos escritores hispanoamericanos y uno de los grandes maestros del relato corto de la época contemporánea.
La realidad prefiere que quienes se aproximen, con intención de aprehenderla en escritos, apelen a las insinuaciones descriptivas, a las metáforas, a las borrosidades para decir o callar.

Si de escribir la realidad se trata también es admisible el uso de las metonimias; ese fenómeno de cambio semántico por el cual se designa una cosa o idea con el nombre de otra; sirviéndose de alguna relación semántica existente entre ambas.
Hay que dejar bastante para la inacabable imaginación.
Delta del Orinoco, 2 de marzo de 2026




