Caso “Evander”: el misterio de Adrián, un exsoldado trinitario de izquierdas caído en la operación militar de Altagracia

La imagen de fondo del Facebook de Adrián Hospedales, muestra una histórica imagen del «Che» Guevara con Fidel Castro.

Adentrándonos en sus redes, vemos cómo esas gráficas se repiten con insistencia. Son definitorias de un hombre y sus ideas.

A pesar de las reminiscencias latinas de su nombre, era de origen trinitario.

De 35 años de edad, al momento de su muerte, apareció un buen día por los caños deltanos sin hablar ni una pizca de warao o castellano, con la intención de plantear un intercambio de mercancías.

En condición de ilegal en predios venezolanos, “guachapeando” la lengua, a duras penas pudo explicar que había sido soldado en su país.

De condición noble, alegre y amigable, logró establecer vínculos afectivos con los pobladores de varias comunidades indígenas, hablándose incluso de una posible relación sentimental con una joven warao.

Con el tiempo, tras casi un año de estadía intermitente pudo medianamente dominar el español, mientras iba y venía –supuestamente- de los caños a Trinidad, canjeando bienes de consumo diario por alimentos, especies exóticas y artesanía.

En una ocasión el viaje se prolongó más de lo acostumbrado y se perdió el rastro de Adrián. Se suponía que estaba en la nación caribeña en compañía de su familia.

Hubo quienes se lo atribuyeron a problemas con la GNB a cargo del resguardo de la zona, que se la habría puesto difícil dada su condición de ilegal.

La infausta noticia llegó a inicios de la presente semana, cuando se supo que el cuerpo sin vida de un ciudadano de origen trinitario, reposaba en la morgue de Tucupita.

La humanidad de Hospedales formaba parte del grupo de siete personas que fallecieron en la comunidad de Altagracia, tras presuntamente enfrentarse a las fuerzas del orden público en el operativo organizado para desactivar la banda denominada “Evander”.

La difusión dada al caso y la necesidad de que se le identificara, hizo que personas que lo conocieron en su tránsito por el Bajo Delta, visitaran el depósito de cuerpos para ver si se trataba de su amigo. El reconocimiento fue positivo.

Los comentarios emergieron entonces, quedando atrapado en una red de conjeturas. Mientras que las autoridades lo consideraron un miembro activo de la banda, sus conocidos manifestaron tener la certeza de que fue secuestrado para cobrar recompensa a cambio de devolverlo con vida, práctica común en esta organización delictiva que también operaba en la vecina nación.

Surgió la tesis conciliatoria de que pudieron haberlo atrapado utilizándolo luego bajo presión, para que fungiera de traductor en situaciones en que retuvieran o simplemente abordaran a ciudadanos trinitarios o de otras islas caribeñas. En última instancia, se le consideró un proveedor de insumos para el grupo en armas.

Dejando esa tarea a las autoridades, lo cierto es que Adrián tenía familia en Venezuela, se sabe de primos que residen en Sucre y Bolívar con los que tenía contactos esporádicos, que son los que se espera reclamen su cuerpo para tramitar el traslado a Trinidad.

De su contacto con los waraos se desprende que fue un izquierdista de convicción, profundamente impregnado por las teorías libertarias esgrimidas por los revolucionarios cubanos, fuentes permanentes de inspiración en su prédica diaria.

Cuentan que el tema le apasionaba al punto de pasar largas horas explicando en qué consistía el proceso cubano, cuáles fueron sus héroes, y planteando la posibilidad incierta de reproducir un movimiento similar aprovechando la aparición del comandante Chávez, y la intención manifiesta de sus seguidores de extender e intensificar el bolivarianismo.

Sorprende el nombre empleado por los miembros de la banda de “Evander”, que se denominaron Frente de Liberación Deltano (FDLD), en clara alusión a iniciativas subversivas que décadas atrás condujeron a la independencia o a cambios de sistemas de gobierno en otros países.

Hasta qué punto Hospédales pudo influir en la configuración de ese bautizo de fuego o tuvo injerencia en los métodos de abordaje empleados, que para algunos fueron brutales cuando de piratearía sobre el río se trató, mientras que para otros, con base en testimonios conocidos, fueron bastante corteses y ceremoniosos, no se sabe.

Primero habría que determinar con certeza, qué rol desempeñó en la organización como para dar vuelo a otras hipótesis.

Un somero abordaje a personas que tuvieron contacto regular con el “soldado”, permiten entrever que se le tuvo afecto genuino por tratarse de una persona jovial y vivaz.

A falta de una versión más exacta sobre esa misteriosa etapa de su vida, que lo condujo lamentablemente a un traumático final, pudiéramos inferir que fue un guerrero que extravió sus pasos y no tuvo el final heroico que de seguro habría deseado.

Puede que en aquel olimpo que nadie todavía conoce, se encuentre con sus héroes verde oliva y solo entonces sea feliz.

 

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