Ni remotamente sospechó que le halamos de la lengua para recabar su testimonio
Al mejor cazador se le escapa la liebre, en esta oportunidad la ecuación se invirtió, y quienes grabamos al pesquisa o investigador, fuimos los periodistas.
Inocente de lo que ocurría, echó el cuento en confianza, como si estuviera rodeado de sordos que nada oían.

El resultado es lomito, oro puro sumarial; la verdad, sin filtros ni tapujos de un procedimiento en toda regla, con el sospechoso detenido.
Testimonio
“Los procedimientos son así, calladitos, no se puede hacer bulla. Lo agarré temprano, como, ¿qué?, como a las 5:35. Tenía dos semanas marcándolo. Agarré la patrulla y me enlacé con un CICPC para chequearlo, para conocer sus antecedentes, y me dijo, sí, está solicitado, ahí fue cuando dije estoy listo y lo atrapé. Es de esos vendedores ambulantes que llegan por temporadas a Tucupita.
Siempre vienen, pero a ese negrito yo nunca lo había visto aquí, y él cometió un delito el año pasado, un robo simple. Pero se presentó confiado, tenía dos semanas marcado y nadie que lo agarraba, nada. Lo que pasa es que el hombre, tiene la cara como un indígena, y pasa aquí como normal, imagínate que yo no lo conozco de calle, aunque tengo veinte años en la calle, esa cara no la conocía.

Tenía dos semanas por aquí dando carajazos. Lo vi borracho alterando el orden público en el paseo, o sea, con una pea y discutiendo. Aquí no es el momento, dije yo, le caeré más tarde, pero se me fue y no pude encontrarlo. Ya había enlazado con la gente del CICPC para los antecedentes. Como a las cinco y media salí en la patrulla, y a las cinco y treinta y cinco lo agarré, justamente venía doblando hacia el puente… por ahí, por c… Iba rumbo a la licorería, allí lo atrapé.”
Postdata: Omitimos ciertos datos para no afectar la carrera del funcionario.



