Alias “Camilo” fue abatido en otro secuestro y Picho al fin respiró (V)

Mario Liber Cardozo Sanguino, alias “Camilo”, no dio tregua ni se la dieron. La libertad obtenida a sangre y fuego tras quitarle la vida, en compañía de otros cinco prófugos a tres militares del Destacamento de Frontera 85 de la GNB, a cargo de su custodia en la cárcel de El Dorado, estado Bolívar, despojándolos de los fusiles AK-103, lo puso en la mira de los órganos de seguridad, declarándolo enemigo público N° 1.

Estando en la calle, sin pérdida de tiempo reorganizó una nueva banda criminal, ejecutando el secuestro de un empresario de origen árabe en Maracay, estado Aragua. Según versiones no confirmadas, la victima habría fallecido en medio de un enfrentamiento con funcionarios policiales, mientras intentaban su rescate.

El exparamilitar colombiano nunca se aquietó y en una nueva incursión delictiva, a escasos 16 meses de fugarse, protagonizó otro espectacular secuestro en el estado Guárico, con menos suerte para él.

Con Picho en casa, sometido a un encierro preventivo, ordenado por especialistas en la materia, pertenecientes al Ministerio de Interior, Justicia y Paz, y alias “Camilo” prófugo, no hubo quietud ni serenidad para los Hernández Abchi.

Quien más difícil lo tuvo fue la gobernadora, Lizeta Hernández, quien no hallaba como aplacar las ansias de movilizarse del Dr. Simplicio, acostumbrado desde siempre a desplazarse a sus anchas.

Fueron días en los cuales se hizo habitual observar varios turnos de 24 horas de distintos gendarmes, con uniforme o sin el, a las puertas de la vivienda.

La única certeza, expresada en informes confidenciales es que alias “Camilo”, seguía en Venezuela y preparaba un nuevo golpe. Certidumbre suficiente, para mantener las alarmas encendidas en la morada de calle Bolívar.

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A pesar de provenir del vecino país, el paramilitar devenido en delincuente de altos quilates, solía transitar un eje que abarcaba los caminos asfaltados o verdes del Oriente, con su base principal de operaciones en la Gran Caracas.

Desde la ciudad capital, iba y venia a Delta Amacuro, Monagas y Bolívar, con estadías prolongadas en cada uno de los estados, acechando las futuras víctimas y tramando sus capturas. Tan solo en la tierra del Warao, como referimos en una publicación anterior, había confeccionado una larga lista de más de 10 secuestrables, tocándole la lotería en mala hora al galeno.

Esos eran los escenarios la mañana del 24 de febrero de 2014, cuando los medios de comunicación recogieron una impactante noticia, alias “Camilo” y cinco miembros de su recién creada organización, se enfrentaron en una zona montañosa del municipio Freites, cerca de Valle de la Pascua, a una comisión mixta conformada por funcionarios de la División contra Extorsión y Secuestros del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (CICPC) y efectivos de la Brigada de Acciones Especiales (BAE), siendo abatidos. Las fuerzas del orden público no experimentaron pérdidas humanas.

Diez días atrás, habían secuestrado al productor agropecuario Jaime Pérez de 81 años, tres menos que Simplicio, cuando viviera la terrible experiencia.

Su predilección por los adultos mayores, marcó la diferencia con otras organizaciones dedicadas al mismo tipo de delito, habida cuenta el riesgo que entraña mantenerlos en cautiverio, sin atención medica ni la alimentación adecuada. Fue la marca que lo distinguió.

La vida de Liber Cardozo se apagó a unos breves 38 años, dejando una extensa lista de acciones en combate a lo largo y ancho de las selvas colombianas, y un prontuario significativo en la nación donde hizo carrera criminal.

Picho por fin respiró.

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