Fue aprehendido por funcionarios del Servicio de Investigación Penal (SIP) de Polidelta el pasado 4 de junio
Admitió los hechos, acortando un tercio la pena. El golpe del martillo sobre el estrado sonó contundente, 20 años de condena.

Por más que fraguó un escudo jurídico, con cuatro abogados defendiéndolo, no pudo con el testimonio de su hija adolescente, una estudiante de liceo de 14 años, sin clara noción del abuso al que fue sometida. Le tomará muchos años entender y comprender aquello por lo que pasó.
El caso conmovió profundamente al colectivo deltano, haciendo estallar las redes sociales. A pesar del prestigio del imputado, ingeniero informático y profesor de bachillerato, la población se volcó en su contra, siendo objeto de un repudio generalizado.

Dicen quienes lo conocen que pidió una y otra vez perdón, atribuyendo lo que ocurrió a problemas en su relación de pareja; a pesar de ello, el juzgado no tuvo contemplaciones, la causa fue suficientemente probada y la Ley clara en sus conceptos.
Un drama familiar que jamás debió suceder, dejando solo tristeza y dolor.



